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viernes, 24 de mayo de 2013

El Rosario misionero

El Rosario misionero

Rosario Misionero



Africa

En la decena verde del rosario rezamos por áfrica.
áfrica es un gran continente que ha vivido y vive momentos históricos difíciles,
pero que a pesar de ello ofrece también al mundo signos de esperanza.
En el siglo XIX, las grandes potencias coloniales europeas se «repartieron»
el continente africano como se reparte un pastel. Cada uno escogió la parte
que más le interesaba sin importarle nada de las situaciones geográficas,
raciales, tribales y culturales de los pueblos africanos. De esta manera los
africanos se vieron subyugados por «dueños» que buscaban exclusivamente
sus intereses estratégicos y económicos.
Pero Dios miró con amor a los africanos y precisamente en el siglo pasado suscitó grandes misioneros, quienes vieron en los habitantes de áfrica a personas redimidas por la cruz de Cristo, hermanos a quienes había que llevar la luz del Evangelio.  
Entre ellos destaca Daniel Comboni.  El intuyó que «la hora de áfrica» había llegado; es decir, la hora en que también los negros tenían que llegar a ser miembros de la Iglesia católica por la fe en Cristo y por el bautismo. 
Comboni escribía en 1864: «Salvar a áfrica por medio de áfrica» y el Papa Pablo VI durante su visita a Uganda en 1969 gritaba: «áfrica, sé evangelizadora de ti misma.  Irradia la luz del Evangelio sobre todos tus hijos».
El Sínodo africano celebrado en Roma ha sido un signo de la gran vitalidad de la Iglesia africana que trata de responder de una manera evangélica a los grandes desafíos que presenta hoy este continente: guerras fratricidas con la secuela de refugiados y desplazados, modelos de desarrollo impuestos por intereses extranjeros con la complicidad de las clases africanas dominantes, la inculturación en los ámbitos de la liturgia, los estudios bíblicos, el matrimonio, etc.; los pobres, los enfermos de SIDA, el aborto, etc., etc.
Los católicos africanos son más de 80 millones; hay muchos obispos, sacerdotes y religiosos autóctonos; también hay un gran número de laicos comprometidos y catequistas que son los principales animadores de las comunidades cristianas.
Estas últimas viven con fervor y entusiasmo la fe recibida y no faltan los que testimonian su fidelidad a Cristo hasta con el martirio.
áfrica tiene mucho que aportar a la Iglesia universal desde su peculiaridad con su eclesiología llamada «Iglesia familia»; y, aunque todavía hay extensas zonas de primera evangelización, el Papa Juan Pablo II, vislumbrando esa «nueva época misionera», exhorta a los africanos diciendo: «No solamente salvar a áfrica con áfrica, sino también evangelizar otros pueblos con misioneros africanos.
¡Bajo tu protección nos refugiamos,
Santa madre de Dios!
¡Oh, madre de los hombres y de los pueblos,
tú que conoces todos sus sufrimientos y
sus esperanzas,
tú que sientes maternalmente las luchas entre el bien
y el mal, entre la luz y las tinieblas
que sacuden al mundo moderno,
escucha nuestro grito,
que, movidos por el Espíritu Santo,
dirigimos directamente a tu corazón;
abraza, con amor de madre y esclava del Señor,
a este nuestro mundo humano,
el cual te confiamos y consagramos
llenos de inquietud por el destino terreno y eterno
de los hombres y de los pueblos!
Juan Pablo II

  • PRIMER MISTERIO GOZOSO
En el primer misterio gozoso contemplamos la anunciación del ángel a María y la encarnación del Hijo de Dios.  
Ha llegado el momento tan esperado por la humanidad: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hilo, nacido de mujer» (Ga 4,4).
María de Nazareth, la mujer preparada por Dios y anunciada por los profetas, conoce por medio del ángel los designios de Dios y los acepta con un «sí» generoso y total.  Ella representa a toda la humanidad que recibe al Salvador tan esperado.
Al llegar la plenitud de los tiempos para nuestro continente americano, Cristo envió a su propia Madre al Tepeyac de México.  Leemos en el «Nican Mopohua» (narración original del acontecimiento guadalupano escrita en idioma náhuatl): «Diez años después de tomada la ciudad de México, se suspendió la guerra y hubo paz entre los pueblos.  Así empezó a brotar la fe y el conocimiento del verdadero Dios por quien se vive».
El evento de Guadalupe y su mensaje, tal como los encontramos en la narración original, aparecen inculturados, encarnados en la cultura y en la realidad de los mexicanos de aquel tiempo. Desde entonces, como el Papa lo afirma: «América Latina, en Santa Mano de Guadalupe, ofrece un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada.  En efecto en la figura de María, desde el principio de la cristianización del Nuevo Mundo y a la luz del evangelio de Jesús, se encarnaron auténticos valores culturales indígenas.  En el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac se resume el gran principio de Ia inculturación» (Juan Pablo II).
En este misterio pidamos para que la Santísima Virgen siga acompañando la labor de todos los misioneros en áfrica, para que el mensaje del Evangelio siga inculturándose en tierras africanas y para que surjan grandes evangelizadores entre los mismos africanos.

  • PRIMER MISTERIO LUMINOSO
Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús.  Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán.  En él, mientras Cristo, como inocente que se hace 'pecado' por nosotros (cf. 2 Co 5, 21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf.  Mt 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre él para investirlo de la misión que le espera.

  • PRIMER MISTERIO DOLOROSO
En el primer misterio doloroso contemplamos a Jesús que ora y suda sangre en el huerto de los Olivos.
«Entonces Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al cerro de los Olivos; y lo siguieron también sus discípulos.  Cuando llegaron al lugar, les dijo: “Orad para no caer en tentación".
Después se alejó de ellos como a la distancia a la que uno tira una piedra, y doblando las rodillas, oraba diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí esta prueba.  Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya".
Entonces se le apareció un ángel del cielo que venía a animarlo, y empezó a luchar contra la muerte.  Oraba con más insistencia y su sudor se convirtió en grandes gotas de sangre, que caían hasta el suelo» (Lc 22,39-44).
En el silencio y la obscuridad de esa noche en el huerto de los Olivos Jesús presintió los tormentos que caerían sobre El y pidió al Padre que alejara de El la prueba.
Juan Diego y los de su raza fueron humillados por el conquistador, y vivían una situación de opresión; eran los más pobres entre los pobres.  El mensajero de Guadalupe era consciente de todo esto y cuando se dio cuenta de que el obispo no le había creído, pidió a la Virgen que no lo enviara nuevamente.  Le dice: «Dueña mía... mucho te suplico que le des tu encargo a uno de los nobles más valiosos, los conocidos, estimados y respetados».  Y María le responde: «Aunque muchos son los mensajeros a quienes puedo dar el encargo... es de todo punto preciso que con tu mediación se cumpla mi voluntad» (2a. aparición).  Después le animó para que fuera y cumpliera la misión que le había dado.
Hoy nos toca a nosotros acercarnos a Jesús que ora y suda sangre en el huerto; nos toca a nosotros prolongar la oración de Jesús, y recoger las gotas de su sangre ofreciéndolas a Dios-Padre por el continente africano.  Y nuestra oración y ofrenda tendrán más eficacia si sabremos unir nuestros sacrificios, nuestras penas y sufrimientos al sudor de sangre de Jesús para la evangelización de áfrica.
  • PRIMER MISTERIO GLORIOSO
En el primer misterio glorioso contemplamos la resurrección de Jesús.  
«El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba. Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis"» (Mt 28,5-7).
La vida de Jesús y su obra redentora no se acaban con la tragedia del Calvario ni en la obscuridad y el silencio del sepulcro.  Al tercer día Jesús resucita, como lo había anunciado. Con su resurrección empieza para la humanidad redimida una historia nueva.
La Virgen de Guadalupe vino a dar nueva vida y esperanza a un pueblo que quería morir y hasta olvidar que había existido.
Si alguna palabra puede resumir al mensaje de Guadalupe, es precisamente ésta: nueva vida.
A un pueblo caído, dominado, esclavizado, María le entrega un mensaje de libertad, de dignidad, y una razón de existir.  María de Guadalupe pone su confianza en quienes no confían ni siquiera las autoridades religiosas. Transforma a Juan Diego, lo recrea, de un «pobre indio» en otro hombre, le da una nueva personalidad; ahora es su hijo y el mensajero de su confianza.
No basta, sin embargo, la experiencia religiosa íntima.  La reconstitución del nuevo sujeto indio es tarea que el mismo indio tiene que llevar a cabo en su propio drama y en su propia historia. Su rehabilitación no termina en el diálogo amoroso con María, sino ante el obispo, a quien entrega las rosas «para que aparezca la verdad de mi palabra».
En este misterio pidamos para que la Santísima Virgen María, quien transforma en mensajero suyo al indio Juan Diego, transforme también a los africanos en mensajeros del Evangelio, para la venida del Reino de Jesús en todo el mundo.



América
En este misterio del rosario con la decena roja,
 pedimos por América
Continente que presenta un verdadero mosaico de situaciones geográficas y humanas.  Continente en el que existe la opulencia y la extrema pobreza; tecnología de la más avanzada y vida casi primitiva; superproducción y hambre, etc.
Continente con profundas diferencias incluso desde el punto de vista religioso: al norte la mayoría es protestante en cambio al sur, Latinoamérica es casi totalmente católica.
Pero tanto al norte como al sur se encuentran grandes regiones donde hacen falta misioneros que lleven el primer anuncio
SEGUNDO MISTERIO GOZOSO
«Con la llegada del Evangelio a América se ensancha la historia de la salvación, crece la familia de Dios... En los pueblos de América, Dios se ha escogido a un pueblo, lo ha incorporado a su designio redentor».  Así se expresa el Papa Juan Pablo II en Santo Domingo el 12 de octubre de 1992, celebrando los quinientos años de presencia cristiana en América.
En el mismo discurso el Santo Padre afirmaba también: «Damos gracias a Dios porque en América latina el don de la fe católica ha penetrado en lo más hondo de sus gentes, conformando en estos quinientos años el alma cristiana del continente».
En la evangelización de América, cabe anotar que luego de la primera fase de rechazo de las culturas indígenas y cierta imposición de la fe cristiana, se realizó una inculturización de la fe, que produjo la superación de los muros de división y de odios raciales, un intenso «mestizaje» del que nació el pueblo latinoamericano.  El símbolo más perfecto de este encuentro es el acontecimiento de Guadalupe, que tuvo como protagonista al indio Juan Diego, verdadero acto de nacimiento y sello de esta alianza.
Han pasado más de quinientos años de la llegada del Evangelio a nuestro continente y no obstante la mayoría católica se detectan síntomas y fenómenos de desorientación en el campo de la fe, proliferación de sectas, avance del materialismo, etc., que hacen urgente una nueva y más profunda evangelización a todos los niveles.
Para combatir estos síntomas es necesario que cada cristiano se comprometa a dar testimonio de su fe cristiana en primer lugar viviendo más a fondo su vida de bautizado, es decir, según las enseñanzas y los ejemplos de Jesús y de los Apóstoles; colaborando a la construcción de una patria común en este continente, dejando a un lado todo racismo y luchando solamente por la fraternidad con todos los pueblos indígenas, negros, blancos, mestizos, etc.

En segundo lugar, comunicando la fe a aquellos que aún no la poseen en modo pleno.  Estando dispuesto a ir a compartir esta fe a continentes más necesitados, si el Señor os lo pide.  Es cierto que aún necesitarnos sacerdotes, misioneros y religiosos para extender y profundizar nuestra propia evangelización, pero debemos dar de nuestra pobreza» convencidos que «la fe se fortalece dándolo».

¡Oh Virgen fiel,
que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir, conservar y meditar
la palabra de Dios!,
haz que también nosotros,
en medio de las dramáticas vicisitudes de la historia,
sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana,
tesoro precioso transmitidos por nuestros padres.
Juan Pablo II

En el segundo misterio gozoso contemplamos la visita de María a su prima lsabel y la santificación del precursor Juan Bautista en el seno de su madre.
En la anunciación el ángel había dicho a Maria: «Isabel, tu pariente, ha concebido a un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril» (Lc, 36).
María deja deprisa el recogimiento de Nazareth y va a visitar a su pariente, llevando la generosa ayuda de su caridad, pero sobre todo llevando a Jesús y comunicando a Isabel, al esposo Zacarías y al niño Juan, aún antes de nacer, las gracias de la salvación.
Al iniciar la historia de la salvación en nuestro continente americano, María nos visitó.  Su visita trajo a nuestros pueblos su presencia maternal llena de ternura.  La Virgen de Guadalupe se presenta a Juan Diego, en primer lugar como la madre de Dios, y lo hace sirviéndose de los conceptos de la teología náhuatl: es la madre de Ometeotl, el único y verdadero Dios.  En segundo lugar se presenta como nuestra madre y le dice: «Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre» (1a aparición).
Pero, lo más importante es que su visita nos trajo a Jesús: en efecto la imagen que ella dejó grabada en la tilma de Juan Diego muestra a una mujer encinta: es la Virgen de la visitación, la misma que, estando encinta llegó a la casa de Isabel y comunicó el primer anuncio de la redención.
En este misterio queremos pedir para que Santa María de Guadalupe siga visitando nuestros pueblos de América para socorrer nuestras necesidades; pero sobre todo para traernos a su hilo Jesús que es camino, verdad y vida.

  • SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO
Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf.  Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente.

  • SEGUNDO MISTERIO DOLOROSO
En el segundo misterio doloroso contemplamos la flagelación de Jesús. «Cada fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran.  Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás.  Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: "¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?", pues sabía que le habían entregado por envidia... Respondieron: ¡A Barrabás!'.  Díseles Pilato: "¿Y qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?".  Y todos a una: "¡Sea crucificado!"... Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado» (Mt 27,1 5-18. 21-22. 26).
Jesús afrontó la humillación y el sufrimiento de la flagelación para reparar los tantos y graves delitos que se cometen contra la dignidad de las personas.
La Virgen María vino a nosotros, con sus apariciones en el Tepeyac, cuando la mano pesada de los conquistadores azotaba y humillaba la dignidad de nuestros antepasados.  Los trataban como esclavos, los maltrataban con azotes, los asustaban y mataban con sus armas, y se servían de ellos únicamente para sus intereses ya sea en los trabajos pesados de las minas, ya sea para labrar los campos de sus inmensas posesiones.

La «Madre del verdadero Dios por quien se vive» quiso que se le erigiera un templo en medio de nosotros para «en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa... Para oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores» (1a aparición).  El mensaje de María de Guadalupe es una «buena noticia» de amor y consolación, pero también de rehabilitación y redignificación de un pueblo humillado, oprimido y marginado.
En este misterio pidamos que Santa María de Guadalupe nos alcance de su Hijo la gracia de ser solidarios con nuestros hermanos indígenas que, marginados en las sierras o en las ciudades, luchan todavía hoy, como Juan Diego por la vida, por la tierra, por su dignidad y por la justicia.

  • SEGUNDO MISTERIO GLORIOSO
En el segundo misterio glorioso contemplamos el mandato misionero de Jesús a los Apóstoles y la ascensión al cielo del Señor.  
«Estando sus discípulos reunidos, Jesús les dijo: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.  El que crea y se bautice se salvará...” Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que le acompañaban» (Mc 16,15.19-20).
Jesús ha terminado su misión sobre la tierra.  Ahora les toca a sus discípulos continuar y completar la obra de la salvación.  Y es obedeciendo a este mandato del Señor que los misioneros llegaron a nuestro continente a traernos la riqueza de la fe cristiana.
La Santísima Virgen de Guadalupe con cariño maternal muestra a Juan Diego sus posibilidades, sus cualidades, le hace recuperar su dignidad y su valor, y le hace aceptar como propio un papel que ha de cumplir con esmero, ser su embajador: «Ve allá al palacio del obispo de México, y le dirás que yo te envío como mi mensajero».
El vidente del Tepeyac no se contentó con llevar el mensaje de la Madre de Dios al señor obispo, sino que se transformó en un verdadero apóstol.  Una vez construida e inaugurada la ermita en el lugar de las apariciones, Juan Diego se quedó encargado de la casa de oración.  Allí él daba a conocer a los visitantes y peregrinos que venían los acontecimientos del mes de diciembre de 1531. Además enseñaba a todos las verdades de la fe cristiana y los mandamientos de la ley de Dios, con su palabra, con sus oraciones y sobre todo con su testimonio de vida.  él fue el primer catequista indígena de América Latina.
En este misterio pidamos por la intercesión de María de Guadalupe y de su mensajero, el beato Juan Diego, que el señor llame a muchos jóvenes de nuestro continente americano y los envíe por el mundo entero a anunciar la Buena Nueva.


Europa


En el tercer misterio del rosario con la decena blanca pedimos por Europa.
La tradición cristiana de Europa es muy antigua, comienza en los tiempos en que el apóstol Pablo pisó tierras europeas y con la llegada del apóstol Pedro a Roma.  Los dos apóstoles, columnas del cristianismo, fueron martirizados en Roma y con el pasar del tiempo Europa se transformó en el centro de irradiación del Evangelio.  A lo largo de los siglos, Europa envió muchos misioneros y misioneras a evangelizar los otros continentes.
Sin embargo en la actualidad el viejo continente presenta un panorama no muy halagador.
Los cristianos están divididos en varias denominaciones: católicos, ortodoxos y protestantes.  Con la caída del muro de Berlín se esperaba alcanzar una mayor unidad y una disminución de conflictos de tipo social, político y económico. En cambio se ha visto que la unificación no es tan fácil y que los desafíos, sea desde el punto de vista social, político, como religioso y otros han aumentado.
El desarrollo industrial y económico ha llevado a los países europeos al bienestar y al consumismo, al materialismo y al ateísmo prácticos, que han destruido la fe y el sentido religioso en las conciencias de tantas personas.  
El mismo Papa Juan Pablo II constata con amargo realismo: «Grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe... llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio».
De aquí que el propio Papa concluye. «Se impone en estos países no sólo una nueva evangelización, sino también, en algunos casos una primera evangelización».
Los obispos europeos están conscientes de los graves problemas que aquejan al continente y tratan de buscar nuevos caminos para renovar la fe de los cristianos europeos y para difundir el mensaje evangélico.  Todos ellos afirman que no obstante la dificultad que se está atravesando, el continente europeo debe mantenerse abierto a la solidaridad universal. 
A este respecto los obispos se han pronunciado en los siguientes términos: «Aunque la reconstrucción de la sociedad en muchas regiones de Europa Oriental esté resultando más complicada de lo que se esperaba y requiera la movilización de todas las fuerzas, es urgente y necesario que Europa sepa mirar más allá de sus fronteras y de su propio interés».
Oh Virgen santísima,
madre de Dios,
madre de Cristo,
madre de la Iglesia,
Míranos clemente en esta hora.
Virgen fiel,
ruega por nosotros.
Enséñanos a creer como has creído tú.
Haz que nuestra fe
en Dios, en Cristo, en la Iglesia,
sea siempre límpida,
serena, valiente, fuerte, generosa. 
Madre digna de amor.
Madre de/ amor hermoso,
ruega por nosotros.
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos
como les amaste tú;
haz que nuestro amor a los demás
Sea siempre paciente, benigno, respetuoso.
Causa de nuestra alegría,
ruega por nosotros.
Enséñanos a saber captar, en la fe,
la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor,
en la renuncia,
en la unión con tu Hijo crucificado:
haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena,
para podérsela comunicar a todos.

Juan Pablo II


  • TERCER MISTERIO GOZOSO

En el tercer misterio gozoso contemplamos el nacimiento de Jesús en Belén y el anuncio de la salvación a los pastores y a los reyes magos.
«Tanto amó Dios al mundo que mandó a su hijo único» (Jn 3,16).
«Se le cumplieron a María los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvieron en pañales y le acostó en un pesebre porque no tenían sitio en el alojamiento» (Lc 2,6-7).
«El ángel les dijo a los pastores: “Os anuncio una gran alegría ... os ha nacido hoy un salvador"» (Lc 2, 1 0-11).
Jesús, el hilo de Dios, nace en la pobreza de un pesebre y se manifiesta a los pastores.
María de Guadalupe, la madre de Dios, elige el Tepeyac, que forma parte de la periferia donde habitaban los dominicos y desplazados por la conquista, para manifestarse a Juan Diego, un indio recién bautizado.  Desde allí envía a su mensajero hacia el centro del poder civil y religioso para hacer conocer su mensaje al obispo de México.
Convierte así al «evangelizado» Juan Diego en «evangelizador», de quien era oficialmente portador del Evangelio. La Virgen le había dicho: «Oye, hijo mío, y ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y con tu mediación se cumpla mí voluntad» (2a. aparición).
Fue de esta manera que el obispo Zumárraga y los demás misioneros tuvieron que conocer la voluntad de la Madre de Dios por intermedio de aquel hombre que en los mismos habían evangelizado y bautizado.
En este misterio pidamos para que la Iglesia europea, que tradicionalmente ha sido evangelizadora, recupere su vitalidad y para que se mantenga abierta a la generación y al intercambio con las iglesias jóvenes.
Pidamos también para que de América Latina surja una gran muchedumbre de misioneros y misioneras quienes, como Juan Diego, sepan llegar hasta los antiguos evangelizadores para darles un renovado anuncio del evangelio de Jesús.

  • TERCER MISTERIO LUMINOSO

Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (cf.  Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a él con humilde fe (cf.  Mc 2. 3-13; Lc 47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia.
  • TERCER MISTERIO DOLOROSO
En el tercer misterio doloroso contemplamos a Jesús tratado como rey de burlas y humillado con una corona de espinas y una caña por cetro.
«Entonces los soldados de/ procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de El a toda la cohorte.  Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de El, le hacían burla diciendo: "¡Salve, rey de los judíos!" '  y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza» (Mt 27,27-30).
Jesús sufre y aguanta ese dolor físico y esa humillación moral para reparar todas las ambiciones y delitos de aquellos que aprovechan el poder para dominar a los pueblos y ejercer su gobierno no sólo olvidándose de Dios, sino incluso pisoteando la ley de Dios y destruyendo el sentido religioso y la fe cristiana entre los ciudadanos.

Dios envió al mundo a su Hijo único para redimirnos y nos dio a María como mediadora entre El y nosotros.  El Nican Mopohua aclara esto desde el principio.  En varias de sus expresiones, la Santa Virgen de Guadalupe utiliza grupos de tres palabras: quiere un templo para «oír, remediar, y curar» sus «miserias, penas y dolores».  El número tres, en la teología indígena nahuatl, era símbolo de mediación entre el cielo y la tierra.
Para muchos latinoamericanos Santa María de Guadalupe ha sido desde siempre la mediación más extraordinaria que Dios ha escogido para manifestar el amor que tiene a sus hijos. Ha sido la escuela en donde muchas generaciones han aprendido que Dios es padre y madre, que nunca se olvida de sus criaturas y que no está de acuerdo al ver a tantos de sus hilos pisoteados y condenados a sobrevivir en condiciones que de humano no tienen ni el nombre.
En el rezo de este misterio pidamos a Cristo rey del universo y redentor nuestro, que por la intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe, reavive la Fe de los pueblos europeos, para que en Europa y en el mundo entero se extienda el reino de Jesús, reino de justicia, de paz y de amor.

  • TERCER MISTERIO GLORIOSO
En el tercer misterio glorioso contemplamos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el cenáculo.

«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar... Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos, quedaron todos llenos del Espíritu Santo ... » (Hch 2,1.3-4).
«Después de haber escuchado a Pedro y a los demás apóstoles, los que acogieron su Palabra fueron bautizados.  Aquel día se les unieron unas tres mil almas» (Hch 2,41).
Pedro fue el primero quien abrió las puertas del cenáculo para anunciar con valentía a Cristo muerto y resucitado.  Más tarde la fuerza del Espíritu Santo cambió Ia vida de «Saulo el perseguidor» en la de «Pablo el evangelizador».  Y Pedro y Pablo llegaron a Europa para anunciar el Evangelio. Sobre los cimientos de la predicación apostólica y el testimonio de su martirio, la fe cristiana se afianzó y se extendió por todo el continente europeo. Y Europa, antes centro del gran imperio romano, se transformó en centro de irradiación del cristianismo. 
Cuando la Santísima Virgen María se le apareció a Juan Diego en el Tepeyac, los habitantes de México estaban divididos.  Existían innumerables tribus, con costumbres, creencias, ritos e idiomas muy diferentes entre ellos.  Pero la llegada de la Madre de Dios, su manera de acercarse al indio, de hablar su idioma, de asumir su lenguaje y su cultura, de quedarse entre ellos con su sagrado imagen grabada en una tilma, fueron más en una tilma, fueron más eficaces que las catequesis y los sermones de los misioneros.  Poco a poco, en el nombre de Santa María de Guadalupe, México se hizo cristiano, y las varias tribus se encontraron reunidas en la mismo fe.
Hasta hoy en día, el santuario de «La Villa» y la veneración y devoción a la «Morenita del Tepeyac» constituyen el elemento que más une en un solo pueblo y una sola fe a los habitantes de todo México.
En este misterio pidamos por la intercesión de la Virgen de Guadalupe, una nueva efusión del Espíritu sobre el Papa, los obispos y toda la Iglesia de este continente para que surja «una nueva primavera de vida cristiana», el viejo continente rejuvenezca bajo ese soplo del Espíritu de Pentecostés.  


Europa


En el tercer misterio del rosario con la decena blanca pedimos por Europa.
La tradición cristiana de Europa es muy antigua, comienza en los tiempos en que el apóstol Pablo pisó tierras europeas y con la llegada del apóstol Pedro a Roma.  Los dos apóstoles, columnas del cristianismo, fueron martirizados en Roma y con el pasar del tiempo Europa se transformó en el centro de irradiación del Evangelio.  A lo largo de los siglos, Europa envió muchos misioneros y misioneras a evangelizar los otros continentes.
Sin embargo en la actualidad el viejo continente presenta un panorama no muy halagador.
Los cristianos están divididos en varias denominaciones: católicos, ortodoxos y protestantes.  Con la caída del muro de Berlín se esperaba alcanzar una mayor unidad y una disminución de conflictos de tipo social, político y económico. En cambio se ha visto que la unificación no es tan fácil y que los desafíos, sea desde el punto de vista social, político, como religioso y otros han aumentado.
El desarrollo industrial y económico ha llevado a los países europeos al bienestar y al consumismo, al materialismo y al ateísmo prácticos, que han destruido la fe y el sentido religioso en las conciencias de tantas personas.  
El mismo Papa Juan Pablo II constata con amargo realismo: «Grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe... llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio».
De aquí que el propio Papa concluye. «Se impone en estos países no sólo una nueva evangelización, sino también, en algunos casos una primera evangelización».
Los obispos europeos están conscientes de los graves problemas que aquejan al continente y tratan de buscar nuevos caminos para renovar la fe de los cristianos europeos y para difundir el mensaje evangélico.  Todos ellos afirman que no obstante la dificultad que se está atravesando, el continente europeo debe mantenerse abierto a la solidaridad universal. 
A este respecto los obispos se han pronunciado en los siguientes términos: «Aunque la reconstrucción de la sociedad en muchas regiones de Europa Oriental esté resultando más complicada de lo que se esperaba y requiera la movilización de todas las fuerzas, es urgente y necesario que Europa sepa mirar más allá de sus fronteras y de su propio interés».
Oh Virgen santísima,
madre de Dios,
madre de Cristo,
madre de la Iglesia,
Míranos clemente en esta hora.
Virgen fiel,
ruega por nosotros.
Enséñanos a creer como has creído tú.
Haz que nuestra fe
en Dios, en Cristo, en la Iglesia,
sea siempre límpida,
serena, valiente, fuerte, generosa. 
Madre digna de amor.
Madre de/ amor hermoso,
ruega por nosotros.
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos
como les amaste tú;
haz que nuestro amor a los demás
Sea siempre paciente, benigno, respetuoso.
Causa de nuestra alegría,
ruega por nosotros.
Enséñanos a saber captar, en la fe,
la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor,
en la renuncia,
en la unión con tu Hijo crucificado:
haz que nuestra alegría
sea siempre auténtica y plena,
para podérsela comunicar a todos.

Juan Pablo II


  • TERCER MISTERIO GOZOSO

En el tercer misterio gozoso contemplamos el nacimiento de Jesús en Belén y el anuncio de la salvación a los pastores y a los reyes magos.
«Tanto amó Dios al mundo que mandó a su hijo único» (Jn 3,16).
«Se le cumplieron a María los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvieron en pañales y le acostó en un pesebre porque no tenían sitio en el alojamiento» (Lc 2,6-7).
«El ángel les dijo a los pastores: “Os anuncio una gran alegría ... os ha nacido hoy un salvador"» (Lc 2, 1 0-11).
Jesús, el hilo de Dios, nace en la pobreza de un pesebre y se manifiesta a los pastores.
María de Guadalupe, la madre de Dios, elige el Tepeyac, que forma parte de la periferia donde habitaban los dominicos y desplazados por la conquista, para manifestarse a Juan Diego, un indio recién bautizado.  Desde allí envía a su mensajero hacia el centro del poder civil y religioso para hacer conocer su mensaje al obispo de México.
Convierte así al «evangelizado» Juan Diego en «evangelizador», de quien era oficialmente portador del Evangelio. La Virgen le había dicho: «Oye, hijo mío, y ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y con tu mediación se cumpla mí voluntad» (2a. aparición).
Fue de esta manera que el obispo Zumárraga y los demás misioneros tuvieron que conocer la voluntad de la Madre de Dios por intermedio de aquel hombre que en los mismos habían evangelizado y bautizado.
En este misterio pidamos para que la Iglesia europea, que tradicionalmente ha sido evangelizadora, recupere su vitalidad y para que se mantenga abierta a la generación y al intercambio con las iglesias jóvenes.
Pidamos también para que de América Latina surja una gran muchedumbre de misioneros y misioneras quienes, como Juan Diego, sepan llegar hasta los antiguos evangelizadores para darles un renovado anuncio del evangelio de Jesús.

  • TERCER MISTERIO LUMINOSO

Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (cf.  Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a él con humilde fe (cf.  Mc 2. 3-13; Lc 47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia.
  • TERCER MISTERIO DOLOROSO
En el tercer misterio doloroso contemplamos a Jesús tratado como rey de burlas y humillado con una corona de espinas y una caña por cetro.
«Entonces los soldados de/ procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de El a toda la cohorte.  Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de El, le hacían burla diciendo: "¡Salve, rey de los judíos!" '  y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza» (Mt 27,27-30).
Jesús sufre y aguanta ese dolor físico y esa humillación moral para reparar todas las ambiciones y delitos de aquellos que aprovechan el poder para dominar a los pueblos y ejercer su gobierno no sólo olvidándose de Dios, sino incluso pisoteando la ley de Dios y destruyendo el sentido religioso y la fe cristiana entre los ciudadanos.

Dios envió al mundo a su Hijo único para redimirnos y nos dio a María como mediadora entre El y nosotros.  El Nican Mopohua aclara esto desde el principio.  En varias de sus expresiones, la Santa Virgen de Guadalupe utiliza grupos de tres palabras: quiere un templo para «oír, remediar, y curar» sus «miserias, penas y dolores».  El número tres, en la teología indígena nahuatl, era símbolo de mediación entre el cielo y la tierra.
Para muchos latinoamericanos Santa María de Guadalupe ha sido desde siempre la mediación más extraordinaria que Dios ha escogido para manifestar el amor que tiene a sus hijos. Ha sido la escuela en donde muchas generaciones han aprendido que Dios es padre y madre, que nunca se olvida de sus criaturas y que no está de acuerdo al ver a tantos de sus hilos pisoteados y condenados a sobrevivir en condiciones que de humano no tienen ni el nombre.
En el rezo de este misterio pidamos a Cristo rey del universo y redentor nuestro, que por la intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe, reavive la Fe de los pueblos europeos, para que en Europa y en el mundo entero se extienda el reino de Jesús, reino de justicia, de paz y de amor.

  • TERCER MISTERIO GLORIOSO
En el tercer misterio glorioso contemplamos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles en el cenáculo.

«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar... Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos, quedaron todos llenos del Espíritu Santo ... » (Hch 2,1.3-4).
«Después de haber escuchado a Pedro y a los demás apóstoles, los que acogieron su Palabra fueron bautizados.  Aquel día se les unieron unas tres mil almas» (Hch 2,41).
Pedro fue el primero quien abrió las puertas del cenáculo para anunciar con valentía a Cristo muerto y resucitado.  Más tarde la fuerza del Espíritu Santo cambió Ia vida de «Saulo el perseguidor» en la de «Pablo el evangelizador».  Y Pedro y Pablo llegaron a Europa para anunciar el Evangelio. Sobre los cimientos de la predicación apostólica y el testimonio de su martirio, la fe cristiana se afianzó y se extendió por todo el continente europeo. Y Europa, antes centro del gran imperio romano, se transformó en centro de irradiación del cristianismo. 
Cuando la Santísima Virgen María se le apareció a Juan Diego en el Tepeyac, los habitantes de México estaban divididos.  Existían innumerables tribus, con costumbres, creencias, ritos e idiomas muy diferentes entre ellos.  Pero la llegada de la Madre de Dios, su manera de acercarse al indio, de hablar su idioma, de asumir su lenguaje y su cultura, de quedarse entre ellos con su sagrado imagen grabada en una tilma, fueron más en una tilma, fueron más eficaces que las catequesis y los sermones de los misioneros.  Poco a poco, en el nombre de Santa María de Guadalupe, México se hizo cristiano, y las varias tribus se encontraron reunidas en la mismo fe.
Hasta hoy en día, el santuario de «La Villa» y la veneración y devoción a la «Morenita del Tepeyac» constituyen el elemento que más une en un solo pueblo y una sola fe a los habitantes de todo México.
En este misterio pidamos por la intercesión de la Virgen de Guadalupe, una nueva efusión del Espíritu sobre el Papa, los obispos y toda la Iglesia de este continente para que surja «una nueva primavera de vida cristiana», el viejo continente rejuvenezca bajo ese soplo del Espíritu de Pentecostés.  


Oceanía

El color azul del Rosario misionero identifica,
en el cuarto misterio, al continente más nuevo
 y más pequeño: Oceanía.
Continente formado por miles de islas grandes (la mayor de ellas es Australia) y pequeñas, perdidas en el inmenso azul del Océano Pacífico.
La población total de este continente es de casi 25 millones de habitantes.  La mayoría de ellos aún no han conocido la Buena Nueva de la salvación.
También el Papa Juan Pablo II lo hace notar: «El multiplicarse de las jóvenes Iglesias en tiempos recientes no debe crear ilusiones. En los territorios confiados a estas Iglesias, especialmente en Asia, pero también en áfrica, América Latina y Oceanía, hay vastas zonas sin evangelizar; a pueblos enteros... no ha llegado aún el anuncio evangélico y la presencia de la Iglesia local»
Entre los misioneros que han vivido, trabajado y muerto anunciando la Buena Nueva en este continente se encuentra el padre Damián Veuster, de nacionalidad belga.  El trabajó en Molokai, una isla entre Honolulú y Hawai, donde vivían cientos de leprosos en la más absoluta miseria física y moral.  Padre Damián se hizo leproso con los leprosos, con el fin de ganarlos a todos para Jesucristo.  Murió consumido por la lepra y por una vida de entrega total.
Hay un buen número de misioneros que trabajan en este continente, pero no son suficientes para la gran tarea de la evangelización. 
Las principales dificultades que ellos encuentran derivan de la misma configuración del continente, formado por innumerables islas.
  • Para transmitir el mensaje cristiano a los diferentes pueblos de las islas, los misioneros deben aprender múltiples idiomas y dialectos.
  • Para realizar las visitas a las comunidades deben viajar de una isla a otra cubriendo miles de Kilómetros sobre las ciguas del mar.
  • Por otro lado este fraccionamiento impide los contactos y las comunicaciones entre las pequeñas comunidades cristianas que han ido surgiendo sobre todo en Australia y en algunas otras islas.
Estos heraldos del Evangelio que trabajan en condiciones particularmente difíciles, necesitan nuestra oración para poder seguir adelante en la implantación del Reino de Dios en Oceanía. 
María, la madre de Aquel que vino a hacer de la humanidad la única familia de los hilos de Dios, allane los caminos del Evangelio en Oceanía, para que sus habitantes a pesar de las distancias y diferencias lleguen a formar la única Iglesia de Cristo redentor.

Te saludo, Madre de Jesús,
y te doy gracias por haber dado
el hilo de Dios a todos los hombres.
 
Te pido por todas las madres
del mundo entero.
Sostenlas en las fatigas,
las preocupaciones y los disgustos.
Te pido por todos los niños que no tienen madre.
Haz que encuentren a alguien que les ayude a no sentirse solos.
 
Te pido por mí..
Enséñame a conocer a Jesús
y a quererlo como tú lo quisiste.
 
Y gracias por ser
la madre de todos los hombres.
También la mía.
Desde el cielo no me abandones.

  • CUARTO MISTERIO GOZOSO

En el cuarto misterio gozoso recordamos cuando Maria y José, al cumplir los cuarenta días del nacimiento del niño Jesús, le llevaron al templo para presentarle al Padre celestial.  
Allí se encontraba Simeón a quien «le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo de/ Señor».  Cuando vio al niño, movido por el Espíritu de Dios, reconoció en él al Mesías esperado por la humanidad y enviado por Dios como «luz para alumbrar las naciones» (Lc 2,26.32).
La profetisa Ana «como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Lc 2,38).
Simeón esperaba ver al Cristo para poder morir en paz.
El día 12 de diciembre de 1531, Juan Bernardino, tío de Juan Diego, que era muy anciano, se encontraba en su casa muy enfermo y esperando la llegada del ministro de Dios.  Quería recibir consolación y los auxilios santos para reconciliarse con Dios y poder morir en paz. Pero su hora no había llegado todavía ya que cuando Juan Diego iba rumbo a la ciudad a toda prisa a buscar a un sacerdote, la Santísimo Virgen se le hizo la encontradiza y le animó diciendo: «No te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro de que ya sanó». Y entonces sanó su tío según después se supo.  También le dijo la Señora que, cuando fuera a ver al obispo, le revelara lo que vio y de qué manera milagrosa lo había sanado (4a. aparición).
En este misterio gozoso del rosario pediremos por todos los ancianos y ancianas de Oceanía y del mundo, para que haya quien, como Juan Diego con su tío, esta cerca de ellos y los ayude en sus necesidades.  Pero sobre todo le pedimos a la Santísima Virgen que ella misma los alivie en los achaques y molestias de la edad y les  consiga de Dios poder llegar a conocer a su Hijo Jesús, para su completa y eterna salvación.
  • CUARTO MISTERIO LUMINOSO
Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor.  La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo « escuchen « (cf.  Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo.
  • CUARTO MISTERIO DOLOROSO
En el cuarto misterio doloroso contemplamos a Jesús condenado a muerte por Pilato y su viaje al Calvario llevando en sus hombros el madero de la cruz.
«Tomaron pues a Jesús y El, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Gólgota ... » (J n 1 9,16-17).
«Cuando le llevaban echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por El» (Lc 23,26-27).
A lo largo del camino doloroso probablemente Jesús encontró a su Santísima Madre que le acompañó hasta la cumbre, al lugair llamado Gólgota, que quiere decir «Calvario».
Simón de Cirene se ve forzado a cargar con la cruz de Jesús y, de este modo, aún contra su gusto, realizó un gesto de solidaridad.
El «cirineo» no ayudó por iniciativa suya, así como Juan Diego no se convirtió en mensajero de la Virgen por propia iniciativa. Fue la Madre de Dios que le pidió que fuera su colaborador, su mensajero. Sabía que la tarea que le encomendaba no era fácil y lo animaba a ser su «buen cirineo» diciéndole: «Ten por seguro que te lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo» (1a aparición). Y en otra ocasión le decía: «Sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has emprendido» (3a. aparición).
Juan Diego asume su papel de «buen cirineo» de Santa María de Guadalupe y realiza con entusiasmo y fidelidad todo lo que ella le pide.  Sabe que cuenta con la confianza y protección de su madre del cielo.
En este misterio pidamos a la Virgen de Guadalupe que nos ayude a convertirnos en «cirineos» de los misioneros, especialmente de los que trabajan en Oceanía, sosteniéndoles con nuestra oración y con nuestros sacrificios.

  • CUARTO MISTERIO GLORIOSO

En el cuarto misterio glorioso contemplamos la asunción de la Santísima Virgen a los cielos.
El Concilio Vaticano II afirma: «La Virgen lnmaculada, terminado el curso de su vida terrena, en alma y cuerpo fue asunto a la gloria celestial».
La Virgen María ha sido la «Nueva Eva» que se puso a lado de su Hilo Redentor, el «Nuevo Adán», para dar inicio a una nueva humanidad. Era, pues, muy lógico que Jesús se la llevara al cielo en alma y cuerpo para que disfrutara plena y definitivamente de los beneficios de la redención.
La asunción de María al cielo no fue una «despedida» de sus hijos peregrinos en este mundo. Al contrario: Jesús la quiso en el cielo para que desde allí pudiese darse cuenta de las necesidades de todos sus hijos en la tierra y, estando junto a su Hijo-Dios, pudiese interceder por nosotros, como lo hiciera un día en las bodas de Caná.
Prueba de ello son las numerosísimas apariciones de María en todos los rincones de nuestro planeta. Con el pasar de los años se han multiplicado los santuarios, las capillas, los altares y los nichos que sus hijos le han dedicado para recordar su presencia materna entre nosotros y para agradecerle las gracias y los favores recibidos por su intercesión.  
Ella está siempre junto a sus hijos, como lo dijo a Juan Diego en la cuarta aparición: «No se turbe tu corazón... ¿No estoy aquí yo que soy tu madre? ¿No estás tú bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estáis tú, por ventura, en mi regazo?».  Son palabras muy hermosas y alentadoras que ponen de manifiesto cuánto y cómo esta madre celestial se preocupa por nosotros sus hijos.
Los misioneros que trabajan en Oceanía, como los que trabajaron y trabajan en otros continentes, saben con certeza que María, la Madre de Jesús y de los cristianos, subió al cielo para poder acompañarlos y socorrerlos mejor en su labor evangelizadora. Pidamos, pues, a ella que afiance el corazón de los misioneros y misioneras con esa confianza total en su maternal protección.  Y pidámosle también para que nuestros hermanos de Oceanía, incluso Ios que habitan en las islas más pequeñas y remotas, puedan experimentar el poder de su intercesión delante de Jesús, para que llegue para todos ellos el día de la redención.




Asia


En el quinto misterio, con la decena amarilla, hacemos oración por el continente asiático.
En ese inmenso continente viven más de la mitad de los habitantes del mundo.
Asia es también el continente que encierra en sí las más grandes y antiguas culturas, como es el caso de China, India, Japón.
En este continente han nacido los más grandes y famosos fundadores de movimientos religiosos: Confucio en China, Buda en India, Mahoma en Arabia, Abraham en Mesopotamia. El mismo Jesucristo nació en ese continente, pues Palestina es parte de Asia Occidental. No es de admirarse por lo tanto que los pueblos y culturas de este continente estén empapados de un profundo sentido religioso.
Entre los misioneros que han venido a anunciar el Evangelio en estas tierras podemos citar: santo Tomás, san Bartolomé y san Francisco Javier. Pero a pesar de los esfuerzos realizados por estos misioneros y por tantos otros que llegaron después de ellos, Asia cuenta sólo con un 3% de cristianos, de los cuales más de la mitad se encuentran en Filipinas. El Papa Juan Pablo II está consciente de esta situación y manifiesta que se deberían enviar nuevas fuerzas a este continente: «En el continente asiático, en particular hacia el que debería orientarse principalmente la misión ad gentes, los cristianos son una pequeña minoría, por más que a veces se den movimientos significativos de conversión y modos ejemplares de presencia cristiana».
Anunciar el Evangelio a los pueblos asiáticos que tienen profundas tradiciones religiosas y costumbres sociales, no es sencillo.  Ellos tienen un concepto de divinidad que no les permite aceptar fácilmente el mensaje cristiano que predica al Hijo de Dios que se humilla tomando naturaleza humana, y muriendo en una cruz para redimir el mundo.
En algunas regiones la actividad misionera se encuentra paralizada por las persecuciones y en otras encuentra serias dificultades debido a las condiciones políticas.
Además algunos de estos pueblos tienen expectativas que no reciben una respuesta inmediata a través del anuncio de la Buena Nueva. Por ejemplo: los hindúes y los budistas esperan sabiduría; los chinos esperan una solución a sus problemas económicos y de explosión demográfica; los japoneses esperan caminos nuevos para su avance industrial y económico; los musulmanes esperan una moral fácil y estructuras socio-religiosas férreas... y los misioneros llegan a ellos predicando a un Salvador pobre, humilde y humillado, crucificado.
Pidamos, por intercesión de María, para que los misioneros sepan revelar, con las palabras y el testimonio de su vida, a los pueblos tan religiosos y contemplativos de Asia, a un Dios divino y humano a la vez, lejano y vecino, capaz de satisfacer las más grandes aspiraciones religiosas y abrir a los asiáticos el camino que los lleva a la aceptación del Evangelio.

Virgen lnmaculada:
permite que yo repita,
como eco de la voz de/ ángel,
las palabras que resonaron
en tu casita,
cuando sobre la humanidad
llegó tu día,
el día cuyo místico nombre
es Ave María.
 
Con el Ave María comenzó
una nueva época.
Con el Ave María llegó para la humanidad
la aurora de la gracia.
Con el Ave María comenzó
tu reino, oh Virgen bendita.

ángelo Agius


  • QUINTO MISTERIO GOZOSO

En el quinto misterio gozoso contemplamos a Jesús adolescente de 12 años que subió al templo con sus padres.
«Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo 12 años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres».  Al no encontrarlo en la caravana, María y José se volvieron a Jerusalén en su busca. «Y sucedió que al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2,41-43. 46-47).
Juan Diego fue a la casa del obispo Zumárraga para contarle todo lo que había «visto, admirado y oído» cumpliendo de esta manera la voluntad de la Virgen.
Como los maestros del templo de Jerusalén, al oír las preguntas y respuestas de ese muchachillo de 12 años, «estaban estupefactos por su inteligencia» así le pasa al obispo, el cual, ante la insistencia de Juan Diego, llevado en parte por la incredulidad y en parte por la prudencia, le pidió que le trajera una señal para poder creer que era realmente la madre de Dios la que se le aparecía.  La Santísima Virgen le dijo a Juan Diego que subiera a la parte alta de la montaña y que recogiera las rosas que encontraría para llevarlas como señal. Así lo hizo y cuando abrió su tilma delante del obispo, cayeron las rosas y apareció la imagen de la madre de Dios pintada sobre el rústico tejido de la tilma.
Los grandes pueblos de Asia en su prudencia y sabiduría humanos quieren señales extraordinarias que acrediten el mensaje evangélico proclamado por los misioneros. Por otra parte ellos son muy respetuosos y amantes de la naturaleza. Pidamos para que la madre del verdadero Dios interceda mucha sabiduría a los mensajeros de su Evangelio en Asia. Y en la belleza y armonía encuentren caminos que de esas hermosuras y a Aquel que Dios nos envió como único salvador.

  • QUINTO MISTERIO ILUMINOSO


Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad « hasta el extremo « (Jn 3, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.


  • QUINTO MISTERIO DOLOROSO
En el quinto misterio doloroso contemplamos la crucifixión y muerte de Jesús.
«Tomaron a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario... y allí le crucificaron» (Jn 19,17-18).
«Así mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de DIOS» (1 Co 1,22-24).
 Poquísimas palabras para describir el crimen más grave y la muerte más injusta acaecida en el mundo, y al mismo tiempo el acto de amor más grande con que Dios ha amado a la humanidad: «El (Dios-Padre) no perdonó a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros» (Rm 8,32).
Cuando llegaron los primeros misioneros a México y empezaron a predicar el gran misterio deL Hilo de Dios hecho hombre y muerto en una cruz, los habitantes de esas tierras quienes tenían un gran concepto de la trascendencia del ser divino se quedaban no sólo indiferentes, sino incluso escandalizados. Resultaba incomprensible para su mentalidad y cultura admitir ese misterio de acercamiento de Dios al hombre y esa humillación de la divinidad hasta la muerte del Hijo de Dios en la cruz.  Eran, pues, muy pocos los que aceptaban ser cristianos.
Cuando llegó Santa María de Guadalupe se acercó al indio Juan Diego, hablando su idioma y tratándolo con sencillez y cariño. De esta manera, aún revelándose como «la madre del verdadero Dios, del creador, del señor del cielo y la tierra», le hizo comprender que el «Dios grande y lejano», en realidad se había hecho tan pequeño que entró en su seno; y que estaba tan cerca de su pueblo que les había enviado a su propia madre para quedarse con ellos. La llegada de María en el Tepeyac, abrió los corazones del pueblo indígena a la aceptación del Cristo crucificado y allanó el camino a la obra evangelizadora de los misioneros.  
Pidamos a la Santísima Virgen María que repita esas maravillas entre los pueblos de Asia, para que ellos también se abran a la gracia de la salvación que brota de la cruz donde está clavado el Hijo de Dios, único y verdadero redentor de la humanidad.

  • QUINTO MISTERIO GLORIOSO

En el quinto misterio glorioso contemplamos la coronación de la Santísima Virgen como reina de cielo y tierra.
«Apareció en el cielo una señal grandiosa: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo los pies y en su cabeza una corona de doce estrellas» (Ap 12,1).
El Vaticano II afirma: «La Virgen lnmaculada... fue asunta a la gloria celestial y enaltecida por el Señor como reina del universo, para que se asemejara más plenamente a su Hijo, vencedor delpecado y de la muerte». 
Es hermoso para Jesús contemplar la belleza y la gloria de su madre. Pero es extasiante también para nosotros contemplar la belleza y la gloria de María reina de cielo y tierra, y saber que es también nuestra madre celestial.
En la narración de la primera aparición de la madre de Dios a Juan Diego (9 de diciembre de 1531) Leemos lo siguiente: «Al llegar Juan Diego junto al cerrillo llamado Tepeyac amanecía, y oyó cantar arriba del cerrillo: semejaba canto de varios pájaros preciosos, y parecía que el monte respondía... Estaba viendo hacia el oriente, arriba del cerrillo, y así que cesó repentinamente y se hizo el silencio, oyó que le llamaban y le decían: "Juanito, Juan Dieguito..." Cuando llegó a la cumbre, vio a una señora que estaba allí de pie y que le dijo que se acercara.  Su vestidura era radiante como el sol; el risco en que posaba su planta flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas, y relumbraba la tierra como el arco iris. Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecillas parecían de esmeralda» (1a. aparición).
La armonía, la luz y la belleza de la creación anunciaban y celebraban la presencia de la reina, la madre del verdadero Dios.
La Santísima Virgen María, reina del cielo y de la tierra, consiga con su intercesión que también para nuestros hermanos de Asia llegue el Reino de Dios y que todos ellos formen un día con nosotros el pueblo de la nueva y eterna alianza, sellada nuestro redentor en la sangre del Cordero, Cristo nuestro redentor.